sábado, 18 de diciembre de 2010

Mentir en el confesonario


Hay momentos en que la crítica está demás y quizás lo único que se pueda decir de un texto o de una película es simplemente un comentario o mejor, un silencio. El callar es otra manera, otro subjetivema, de estar diciendo algo. En Los Girasoles ciegos, me callo para dar cuenta de una obra imponente. Tanto literaria como cinematográficamente, el texto desborda por sus bordes, arremete con fuerza en la carne de cualquier espectador o lector.

Pero como este es un espacio de cine, a él me dedicaré un momento. Maribel Verdú demuestra que ningún papel le es dificultoso, al menos eso es lo que me demuestra cada vez que tengo la suerte de verla. Raúl Arevalo llegó a demostrarme como un protagónico puede llegar a la desmesura y a generar una cierta bronca con su representación magnífica. Su personaje es terriblemente muy bien desenvuelto, tanto que algún que otro insulto (por dentro, claro está) llego a escapárseme.
El cine español, y las obras literarias están empezando a hacer un trabajo de Memoria. Religión, dictadura, poesía, humanismos, todo confluye en esta genial obra, tanto la literaria de Alberto Méndez como la dirigida por José Luis Cuerda.


Por lo demás, me quedo en silencio…

2 comentarios:

Giacinto dijo...

Recuerdo cuando ví está película lo mucho que me gustó, la historia y la cosa, pero el libro no tiene comparación es un pedazo de obra!.

Ambos muy buenos, en su estilo!

Saludos, y Feliz Navidad!

el bueno, el malo y el feo dijo...

Totalmente...